Ni siquiera sé dar comienzo a esta entrada. Ni siquiera sé qué me ha empujado a hacer clic en 'Nueva entrada'. Quizá mis ganas de escuchar
y escribir. Escribir como vaya sintiendo a medida que tecleo.
-
'12 interacciones' en Twitter. ¿Por qué 12, y no 13, 45, 70?
Doce me recuerda al olor del suavizante que usa su madre. A las Tosta-Rica como 'resopón' de la noche. A no arreglarme el pelo o a no pintarme para verle porque... qué más da, si es ella, no me va a querer menos.
-
Mi vida pasa ahora entre los minutos de Marvin's room. Pasa avanzando y retrocediendo a la vez. Suena irónico, pero estoy en lo cierto.
'I know you still think about the times we had..', canta Drake.
-
Mi padre se va a dormir. "Buenas noches, hija", me ha dicho.
¿Alguna vez os habéis parado a pensar cuántas cosas han hecho por nosotros nuestros padres?
Lo más importante ya lo hicieron al principio. Sin juzgarnos, sin saber siquiera cómo éramos, qué carácter tendríamos, si seríamos guapos o feos, decidieron que saliéramos del vientre de nuestra madre.
Yo no sé de las circunstancias que tiene cada persona con sus padres, pero yo las mías las siento así.
-
Estoy pensando que cada momento de mi vida tiene asignada una canción, una instrumental distinta, una letra diferente, un significado único.
-
Bien. Ya he dado un comienzo a mi entrada, ¿no? Todas esas frases instantáneas de antes es el comienzo de esta entrada.
"Nunca olvides aquéllo que te hizo feliz", me dijo un día la vida, mejor dicho, una experiencia. ¿Qué pensáis? Nosotros no elegimos olvidar o recordar. Lo elige nuestra mente, pero habitualmente nos creemos la patraña de que decidimos olvidar a alguien que nos hizo mucho daño, o recordar para siempre la sensación del amor hacia una persona por el hecho de que la mente está dentro de nosotros. Y no.
¿Sabéis? Yo recuerdo a alguien que me ha hecho mucho daño, y he olvidado la sensación de amor intenso con alguien.
Es así de contradictorio. Es que, ¿cuántas veces habré dicho: Voy a olvidarle. Paso. Me está haciendo mucho daño. No me merece. Voy a olvidarle"?. Pero la razón está en que le olvidamos cuando no decimos que vamos a olvidarle. Si no, daos cuenta.
Cuando olvidas a alguien ni siquiera te das cuenta de que poco a poco, sus manías, sus palabras, sus costumbres... quedan en esa puerta que luego no piensas en abrir.
Mi profesor de Tecnología un día dijo: "Solo puedes desenamorarte de alguien enamorándote de otra persona". Y es totalmente cierto, siento deciros.
Mis quince años no han dado para muchísimas experiencias en la vida de las que puedo aprender, pero sí que me he enamorado y de repente, como si el destino lo hubiera escrito, aparece otra persona con la que empiezas a escribir otra historia. Y te olvidas de la persona anterior por completo. Algo queda, pero en cuanto te enamoras de alguien, puedes decir adiós a todo lo demás.
¿No habéis tenido nunca un mejor amigo/a o un amor, que hasta temíais de moriros porque no le volveríais a ver nunca más? ¿Seguís hablando con éste/a? Yo no.
Es totalmente increíble cómo puedes querer tanto, cómo serías capaz de hacer lo que fuera por esa persona y ocurre algo, que solo se puede calificar como ese algo que os separa, que deja atrás vuestros momentos juntos y la distancia se apodera de todo lo vivido y de todo lo que os hubiera quedado por vivir.
Yo nunca podré entenderlo.
Yo no tengo ni idea del secreto de ser feliz, y tampoco quiero saberlo. ¿Cómo íbamos a valorar los momentos buenos si no sentimos los malos? Pero he de decir, que amar (y lo pongo en negrita), mueve el mundo. Rompe fronteras. Amar quema el agua y hiela el fuego. Amar sobrepasa límites, todos los límites que interpongas.
Amar es el verdadero sentido de la vida... no el que te da la completa felicidad, ya que muchas veces amar duele, pero es un dolor dulce. Un dolor que todo el mundo debe sentir y del que yo jamás me arrepentiría.