El paso de nuestra vida se incrusta en las manecillas del reloj, avanzando en el paso de cada segundo. Nunca se dignan a parar en el camino. No son crueles, solo te avisan de que ya que ellas no paran, tú tampoco tienes que parar. Seguir es la clave.
Sentirse vivo no es vivir, pues cuántos hay que viven muertos y mueren varias veces antes de morir. Vida es aquéllo que recuerdas cuando estás a punto de palmarla. La felicidad durante nuestra vida es efímera, dura ratos cortos y repentinos, pero al final de nuestro camino, cuando las manecillas avanzan pero tú frenas, solo recuerdas tus momentos buenos. Los malos se sufren en el momento, pero cuando tienes un último minuto para resumir tu vida, para quedarte con la esencia de todo lo que has vivido, te quedas con los mejores momentos, con las mejores personas y con la más real de las sensaciones.
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